¿Qué es el ser humano?¿Qué significa la vida?

 

 

(Texto extraído de Hozumi Gensho Roshi. Cultura Zen, práctica y mensaje de paz. Ediciones Ceapac. México 2006.)

 

Todo ser humano desea conocer el valor de su propia existencia y vivir feliz. Quiere muchas propiedades, vivir siempre cosas agradables, tener su hogar en una bonita zona y sólo encontrarse con gente buena.
Por desgracia, esto no es siempre así. Aun cuando alcancemos todos los bienes materiales, experimentamos pesares y dolor. ¿Por qué debemos sentir dolor y tristeza? Yo pienso que a través del dolor y la angustia, el ser humano comienza a conocerse a sí mismo. Se reconoce la propia estupidez sólo cuando tenemos problemas. Sólo entonces nos observamos a nosotros mismos, comenzamos a ver nuestro interior y nos ponemos a pensar. Es importante reconocer que son las dolencias las que nos motivan a llegar a la razón de las cosas.
Con Shakyamuni Buda y Bodhidharma fue exactamente así también. También Rinzai Gigen Zenji pasó por este camino. Estos grandes maestros no eran muy diferentes de nosotros. Cuando se lastimaban, sangraban. ¿Cuál es la diferencia entre ellos y los seres humanos ordinarios? Ellos tenían una voluntad de acero, fuertes creencias y gran disciplina. Practicaron ejercicios ascéticos e hicieron grandes esfuerzos gracias a los cuales pudieron despertar.
¿Qué logró Buda después de seis años de prácticas ascéticas? Pudo reconocer que ni los más extremosos lujos ni las grandes pertenencias llevaban a la obstrucción de las angustias y los pesares. Sobre esto empezó a practicar un “camino medio”. Ahí se encuentra el zen: es necesario para poder encontrar este camino. Vivir alegrías y tristezas. Buda le dijo a uno de sus estudiantes: “No te estanques en los pesares y no te aferres a las comodidades. Ése es el camino medio”.
Durante una profunda meditación en posición zazen, despertó Siddharta Gautama al Buda y conoció el estado del Nirvana bajo el árbol de Bodhi un 8 de diciembre. Sin practicar el zen no hubiera tenido su iluminación. En esta experiencia basó sus enseñanzas, que desde entonces han pasado de alumno en alumno mediante el corazón como si se vertiera agua de un recipiente a otro. Esto es el budismo zen. No hay ninguna verdad fuera del corazón y este corazón lo encontramos en nosotros mismos.
Buda le dijo a Ananda antes de morir: “Querido Ananda, sé tú mismo tu luz, cree en ti y no dependas de nadie más. Toma las enseñanzas (la verdad) como tu luz, sé siempre fiel a ti mismo y no dependas de los demás”.
El siguiente verso dice esto también: “Cuando uno mismo alumbra, se alumbra la verdad también”.
Todos los seres humanos nacen y, por lo tanto, han de morir también. Por eso es muy importante reconocer de qué dependemos. Debemos reconocer que dependemos de nosotros mismos y hacer realidad esta verdad. Si uno piensa así, la vida no es nada fácil. Rinzai-zen motiva al ser humano a indagar en sí mismo.
Rinzai Zenji decía: “Dentro de su masa de carne rojiza existe un verdadero ser sin rango ni nombre. Pasa constantemente a través de las puertas de sus rostros. Si aún no lo han encontrado, agárrenlo, “¡agárrenlo ahora!”.
Tenemos en nuestros cuerpos esta libertad absoluta y un estado que no hace diferencia alguna. Normalmente estamos manipulados por sentimientos duales. Todo lo que sentimos entra y sale de nosotros a voluntad. Quien no ha notado esto tiene que finalmente despertar para así, y sólo así, podemos entender.
El ejercicio zen tiene en realidad absoluta libertad para alcanzar la meta. ¿Pero qué es este “verdadero ser sin rango ni nombre”?
Este dicho de Rinzai Zenji lo dice todo, pero el ser humano es tan tonto que duda de sí mismo y recorre un largo camino abyacente para llegar a la verdad.
El corazón zen toma con importancia todas las cosas de la vida diaria y trata de mantenerse erguido, por lo cual lleva su propia experiencia hacia el punto medio.
Esto es natural ya que está asentado: “¡Uno mismo debe experimentar el frío y el calor!”
Sólo cuando se toman las cosas tal cual son se les puede reconocer. Para ello son necesarios los ejercicios ascéticos. Sin la práctica de la meditación de Buda no habría budismo zen hoy. Es importante que cada quien practique y alcance la iluminación.
En el zen de rinzai se le llama a esta experiencia kensho, “miramiento de uno mismo”: uno observa su propio ser.
Pero tampoco es tan fácil ser iluminado. Todos los grandes maestros tuvieron que sufrir durante su aprendizaje zen. Asimismo, el estudiante experimenta dificultades cuando cree haber llegado al entendimiento y su maestro no concuerda con ello. Mientras el entendimiento no sea suficiente, al estudiante no le va bien. Por eso se da dokusan (clases de koan) todos los días en los monasterios zen de la escuela Rinzai.
El maestro pone a prueba a un estudiante y exige la respuesta a un koan (una pregunta paradójica). La enseñanza de koan es una técnica para descubrir la iluminación en la que el maestro zen se dirige a las situaciones naturales en las que se encuentra el estudiante. Por ejemplo durante el zamu (trabajo que se realiza en el monasterio) le llega al alumno le llega al alumno una “pregunta acerca de la razón de la vida”. Se dirige al maestro para pedir consejo o plantearle la pregunta. El maestro contesta directamente la pregunta o le hace otra pregunta al alumno acerca de la razón de la vida.
Encontramos en las “palabras zen” ejemplos de la naturaleza, de la vida diaria y un sentimiento activo que contesta en nosotros mismos. Un koan es una “historia concluida” que contiene todo esto. Los koans no se pueden entender con “la cabeza”, sino que es la propia experiencia la que forja una respuesta.
Esta respuesta no surge sólo del entendimiento y la razón, sino del cuerpo y del alma. Esto es experiencia o conocimiento propios, generados en nosotros mismos.
Los seres humanos casi no tienen la oportunidad de experimentar auténtica enseñanza Rinzai. Esto es una lástima. No todos pueden practicar zen Rinzai, aun cuando lo necesiten y lo deseen.
Si éste es su caso y no lo pueden practicar, les pido que se familiaricen con el contenido y la razón de la teoría del “método de preguntas-respuestas zen”, que les permitirá comenzar a entender la generalidad de la practica Rinzai. La entrada al zen no es un portal específico, y por esto se puede entrar desde cualquier dirección.
Una vez un alumno no encontraba cómo continuar y le pregunto a su maestro: ¿Cómo puedo ingresar al camino zen?
El maestro contestó: ¿Oyes el sonido del riachuelo de la montaña?. “ Sí, si lo escucho”. “Bien entonces ingresa desde ahí”.
El zen no sólo consiste en practicar el zazen. Hay que afrontar los problemas de la vida y estar preparado en todo momento para cualquier situación. Si no, no es posible entender de qué se trata en realidad. Hoy es importante la manera en la que se piensa y en la que se vive. La práctica del zen afecta en el vivir aquí y ahora. El zen enseña que debemos saber qué tan valioso es cada segundo. Si se practica el zen se vive segundo a segundo sin interrupción y no se desperdicia el tiempo.
Aun cuando nuestro mundo se muestra insensible en este aspecto, ustedes deben ser receptivos a la intrascendencia de todo lo mundano. Los seres humanos insensibles pueden estudiar todo lo que deseen, no sirve de nada. Sólo por el sufrimiento propio se puede entender el dolor de otro ser humano, y entonces es posible también sentir la alegría de otros, compartir esa alegría sin envidia ni rencor y alegrarse cuando a los demás les va bien. Se podrá sentir la angustia ajena y acompañar a otros dispuestos a ayudar.
El ser humano vive en sociedad con otros seres humanos, pero no sólo existe relación con ellos, sino que expresado en términos budistas, también entre diferentes formas de ser (mundos). Los seres existen, ya tengan forma o no, esto es la “ley del inicio”. El corazón zen viene de ahí y allá regresará de nuevo.
El maestro rinzai-zen japonés Hakuin Ekaku plasmó esto acertadamente en su canto al zazen (zazen wasan), que comienza con la frase “todos los seres son en esencia buda”, y finaliza con “este cuerpo es el cuerpo de buda”.
El Rinzai zen de hoy es hakuin zen. Hakuin zenji puso la base espiritual para la, hasta hoy existente, escuela Rinzai. No permaneció ni hindú ni China. Esta espiritualidad se desarrolló durante la larga tradición japonesa.
La verdad no se busca afuera, sino profundamente, en el propio corazón.
De esta forma se encuentra libertad sin obstáculos, ni conflictos. Pero esto sólo se puede lograr mediante la búsqueda en uno mismo con esfuerzo ininterrumpido. Este modo de ejercicio es el camino al Rinzai zen.